miércoles, 23 de marzo de 2016

“A MANHÃ DO MILÊNIO” de Thiago de Mello (De Campo de Milagres, 1998)

A MANHÃ DO MILÊNIO

De que valeu o assombro indignado
e esta perseverança que me acende
em pleno dia a estrela que me guia,
seguro do meu chão e do meu sonho?
De que valeram todos os prodígios
da ciência mergulhando nas funduras
mais escuras da terra e dominar
jamais imaginadas vastidões
para encontrar a luz fossilizada?
Do que valeu meu passo peregrino
pelo tempo, meu grito solidário,
a entrega ardente, o castigo injusto,
o viver afastado do meu povo,
só porque desfraldei em plena praça
a bandeira do amor? Do que valeu
se hoje, manhã deste milênio novo,
avança, imensa e escura bem na fronte
a marca suja da miséria humana,
gravada em cinza pela indiferença
dos que pretendem donos ser da vida,
avança escura uma legião de crianças
deserdadas do amor e todavia
capazes de sorrir: maior milagre
do século perverso que findou?
De que valeram todas as palavras
que proferi na trova da esperança?
Tão pouco, talvez nada. Não consola
saber que fiz, que fiz a minha parte,
que reparti com tantos o diamante,
que olhei o sol de frente e não fugi
(nem do meu próprio medo).
De consolo não cuido. Pois valeu.
Que tudo vale a pena quando a alma
não é pequena.*
Não sei o tamanho
da minha alma. Só sei que vou varando
o fim do rio, já posso discernir
a margem que me chama. Mas obstinado
confiante sigo no poder distante
da estrela alucinante. Que destino
de estrela é o de brilhar.
E mesmo extinta
brilhante permanece sobre o mundo.
* Citando Fernando Pessoa
Thiago de Mello, Poemas preferidos pelo autor e seus leitores, 2001.


LA MAÑANA DEL MILENIO

¿De que sirvió el indignado asombro
y esa perseverancia que me enciende
en pleno día la estrella que me guía,
seguro de mi tierra y de mi sueño?
¿De que sirvieron todos los prodigios
de la ciencia buceando en las honduras
más oscuras de la tierra y dominar
vastedades jamás imaginadas
para encontrar la luz fosilizada?
¿De que sirvió mi paso peregrino
por el tiempo, mi grito solidario,
la entrega ardiente, el castigo injusto,
vivir alejado de mi pueblo,
sólo porque enarbolé en plena plaza
la bandera del amor? ¿De que sirvió
si hoy, mañana de este nuevo milenio,
avanza, inmensa y oscura en la frente
la sucia marca de la miseria humana,
grabada con ceniza por la indiferencia
de los que pretenden ser dueños de la vida,
avanza oscura una legión de niños
desheredados del amor y sin embargo
capaces de sonreír: el mayor milagro
del perverso siglo que acabó?
¿De qué sirvieron todas las palabras
que proferí cantando la esperanza?
De poco, tal vez de nada. No me consuela
saber lo que hice, que hice mi parte,
que repartí con otros el diamante,
que miré el sol de frente y no huí
(ni de mi propio miedo).
De consuelo no hablo. Pues me sirvió.
Que todo merece la pena cuando el alma
no es pequeña.*
No sé el tamaño
de mi alma. Sólo sé que voy llegando
al final del río, ya puedo ver
la orilla que me llama. Pero obstinado
sigo confiado con el poder distante
de la estrella alucinante. Que brillar
es el destino de la estrella.
E incluso extinta
permanece brillando sobre el mundo.

* Citando Fernando Pessoa
Thiago de Mello, Poemas preferidos por el autor y sus lectores, 2001.
(Versión de Pedro Casas Serra)

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